Global Humanitaria, de la mano de la ONG local CYDD, vuelve a la provincia de Hatay, la más castigada por el seísmo de hace dos meses, para llevar ayuda a los campamentos donde se agrupa la población damnificada y donde aflora el desgaste que produce una situación de emergencia que se cronifica. También el esfuerzo por sobrevivir y organizarse en lo posible.

Dos meses después de los terremotos de magnitud 7,8  y 7,5 que sacudieron Siria y Turquía, apenas quedan servicios sanitarios a los que acudir en las zonas más afectadas. Los seísmos provocaron el derrumbamiento de edificios e infraestructuras básicas de conducción de agua y electricidad. Las familias supervivientes se refugian con sus enseres en tiendas de campaña, (algunas donadas; otras montadas por ellos mismos), en campamentos improvisados como el de Samandag. Algunas son invernaderos donde se agolpan varias familias y de los que asoma el tubo de una precaria chimenea .

En Samandag (211 mil habitantes) los edificios que no se han derrumbado no son seguros, nadie ha podido volver a su casa. En los campamentos escasean alimentos y agua y cada semana aumenta el riesgo de contagios de enfermedades infecciosas. La vida continúa pero el estrés afecta también a la salud mental de adultos y niños. Hace frio y cuando llueve todo se enfanga. En medio de todo el cansancio y de la incertidumbre las familias se esfuerzan por mantener algo semejante a una rutina: los niños juegan y también asisten a clase.

Allí Global Humanitaria está entregando productos de primera necesidad,  alimentos (para bebés, comidas de emergencia, cereales) artículos de higiene personal ( gel, alcohol, agua oxigenada, toallitas, pañales) y pastillas purificadoras de agua, linternas, camisetas térmicas, colchones y almohadas, entre otros, y continúa llevando packs de emergencia a localidades como Adiyaman, con la colaboración del personal de CYDD ( gracias a las donaciones de empresas como Jomipsa, Esteller, Emma o Atida).